Problemas Monetarios – Objeto Mágico

70 Problemas Monetarios - Problemas Monetarios - Objeto Mágico

Alex era el único amigo que había tenido en mi vida. La única persona que entendía mi homosexualidad y la aceptaba sin problemas. Pero él era heterosexual y yo muy pobre. Para ahorrar un poco de dinero compartíamos apartamento, teníamos habitaciones separadas y camas separadas, nuestra relación era tan sólo de amistad. Pero Emma, la hija de nuestro jefe, se enteró de que un homosexual como yo compartía apartamento con otro de los obreros de la empresa. Habló con su padre y lo presionó para que nos despidiera. Y su padre lo hizo. Aún recuerdo la sonrisa de satisfacción de Emma cuando nos echó del trabajo para siempre.

A partir de entonces, nuestra vida se hizo muy difícil. No conseguíamos otro trabajo, por eso tampoco teníamos dinero y por eso nos avisaron de que nos iban de desahuciar del apartamento que compartíamos. Con lágrimas en sus ojos, Alex me dijo que se marchaba en busca del “medallón del Cambio”, una fabulosa reliquia que nos permitiría conseguir dinero y solucionar nuestros problemas. A la mañana siguiente, cuando desperté, Alex ya no estaba. Lo llamé a su móvil, pero no me respondió. Lo llamé esa misma tarde y tampoco respondió. Durante 3 semanas lo llamaba todos los días y no respondía.  Hasta que, por fin, tres semanas después, sonó mi móvil y era Alex quien llamaba. Me pidió una cita en el restaurante más caro de la ciudad y con voz alegre me dijo que había solucionado todos nuestros problemas monetarios y que me iba a ofrecer algo que cumpliría mis sueños.

Corrí al restaurante, pero allí no estaba Alex. De repente, Alguien me agarro por el cuello y me besó en los labios. Asombrado separé la boca y miré a la preciosa mujer que me había besado. Era Emma, la hija de mi jefe y la canalla que había logrados que nos despidieran. Me miraba sonriendo, sacó del bolso un medallón y, de repente, su rostro se transfiguró y pude ver la cara de Alex en el cuerpo de Emma.

Te dije, que este medallón solucionaría nuestros problemas. He empleado la mitad de su poder para cambiar de cuerpo con Emma, ahora emplearé la otra mitad en vender este cuerpo y así conseguiré el dinero con el que podremos vivir para siempre juntos y felices.

Tú eres mi amigo y mi primera opción de venta. Entonces… ¿Cuánto me pagas por el cuerpo de Emma?

Me quedé mirando a la cara de Alex con tristeza. Emma era una auténtica belleza con una inteligencia privilegiada. Imaginaba con envidia lo que hubiera sentido siendo una mujer tan sexy y joven como Emma, lo que yo podría haber disfrutado del sexo teniendo un cuerpo tan femenino. Pero todo eran ilusiones vanas porque no podía pagarlo. Sabes que no tengo nada, soy tan pobre como tú, le respondí.

Claro que puedes pagarlo, no te pido dinero. Sólo te quiero que te cases conmigo después del cambio. Tu eres la persona con la que quiero compartir el resto de mi vida y si eres Emma serás mi compañera, mi mujer y la madre de mis hijos ¿ACEPTAS?

Por supuesto que respondí que sí. Pero no respondí con la voz, lo hice con el alma besando de nuevo a Alex. Fue el primer beso de amor heterosexual en mi vida y el último que hice como hombre. Porque media hora después era Emma, la millonaria hija del jefe de mi antigua empresa. Ya no tendría que preocuparme por el dinero y podría casarme de blanco con Alex, el hombre al que siempre había amado y que iba a ser mi amante heterosexual.

La Subasta – Pacto TG

69 La Subasta - La Subasta - Pacto TG

 

Apenas quedaban 2 horas para que terminara el plazo y Jack continuaba sentado, tranquilamente, mirando como vaciaba los cajones en mi búsqueda desesperada.

Cuando accedí a rentar mi cuerpo durante una semana no necesitaba el dinero. Simplemente quería poder pagar mis caprichos sin necesidad de pedirle a mi padre. Se realizó una subasta bastante animada en Internet y todos nos sorprendimos de que el ganador fuera Jack, un hombre gordo, bajito y mayor de 50 años. Un hombre que había vendido su casa, su coche y usado todos sus ahorros para ganar la puja. No me importó, en una semana me iba a pagar más dinero que el que me daba mi papá en un año.

Las condiciones del cambio de cuerpos eran idénticas para los dos. El intercambio se realizaba por medio de la magia de los anillos del cambio. Los anillos eran unas ancestrales rarezas que al usarse al mismo tiempo por dos personas permitían que estas intercambiaran sus cuerpos. Para evitar el robo de personalidades o fugas, yo no tendría acceso al anillo de Jack y Jack tampoco podría tener acceso al mío y dispusimos medidas de conexión remota para realizar el cambio de cuerpo incluso a miles de kilómetros. La condición más importante, en la que exigí la máxima dureza, era la obligación de presentarnos a los 7 días exactos de la firma del contrato en la notaría, con los anillos del cambio para devolver los cuerpos. En caso de retraso se podría exigir el pago de una multa y en caso de ausencia o pérdida del anillo se podría forzar la devolución del cuerpo original utilizando la conexión a distancia o quedarse, para siempre, con el cuerpo y la vida del huésped. Nada más firmar el contrato recibí el dinero y me dispuse a dilapidar lo que acababa de ganar.

En el contrato no figuraba que no pudiera emborracharme hasta perder el conocimiento. Y a eso me dedique. Llegué a tomar casi litro y medio de whisky antes de caer al suelo vomitando, no me gustó la experiencia y decidí no repetirla. El día siguiente lo gasté en pasearme por la calle desnudo, me detuvo la policía y pasé lo que quedaba de tarde en el cuartelillo de la policía. Al tercer día, hice la mayor comilona de mi vida engullendo tan sólo salchichas, bacon y cerveza, me encontraba tan pesado después de tanto tragar que decidí que esta era otra experiencia que no quería repetir. Al cuarto día quise comprobar si era capaz de hacer funcionar sexualmente mi cuerpo masculino, así que entré al puticlub más caro de la ciudad. El sexo como hombre no está mal, pero me gustaba más como mujer. De todas formas, repetí al día siguiente, pero esta vez quería probar algo nuevo. Llamé a la encargada del burdel y le pedí que me recomendara una chica y una experiencia extrema. Me avisó que el servicio que me iba a ofrecer era muy caro, y que le chica que lo realizaba era excepcional y que sólo trabajaría si tenía bastante dinero para pagar su precio. Contesté que no me importaba el dinero, que sólo me quedaban 2 días y quería gozarlos al máximo.

La encargada me dijo que la siguiera hasta una habitación al fondo del pasillo Abrí la puerta y cuando entré me quedé con la boca abierta. En la habitación no había ningún mueble, ni siquiera una cama y sólo estaba una mujer con una cadena de acero enrollada en su cintura. La figura de la mujer era espectacular y resaltaba por el cuero negro que la cubría. La máscara que oprimía su rostro tan sólo tenía dos agujeros diminutos para los ojos y una abertura horizontal para la boca. Me agarró del pecho con sus uñas anilladas, y me arrastró hacia ella, se agachó, sacó la lengua por la rendija y comenzó a jugar en mi sexo. De nuevo se levantó, me piso con los tacones de sus botas y cuando abrí la boca para gritar me mordió los labios.  Me susurró al oído que iba a conocer los mayores placeres del cielo por medio del dolor. Tirando del pelo me arrastró por el suelo, desenredó la cadena de su cintura, con unos pequeños candaos ató mis muñecas y me encadenó a una argolla en la pared. Cuando comprobó que no podía escapar me dijo: “Ahora empieza la diversión”. Es imposible contar con acierto como se puede mezclar el dolor y el placer de una forma tan intensa y absoluta. Fueron más de tres horas de tormentos salvajes y goces celestiales. Al llegar la noche estaba física y sicológicamente destrozado, pero no quería que parara. Le dije que todavía me quedaba un día para que me martirizara y que le pagaría lo que quisiera por otra hora como esta.

Esa noche casi no dormí, me dediqué a prepararme para otra sesión de sado-maso con la enmascarada.  Cuando amaneció, el último día antes del cambio, , me dirigí al burdel, saludé a la encargada y entré a la habitación de la encapuchada.   Allí estaba ella, esperándome.

Lo primero que hizo fue atarme al muro de la pared, me abofeteó y cogiendo un cuchillo gigantesco me lo puso en la garganta, la escuché reírse y con la otra mano se arrancó la máscara. Era mi propio rostro, la enmascarada era Frank vistiendo mi cuerpo. No pude soportar el pánico y grité con todas mis fuerzas, en las habitaciones de al lado se escucharon carcajadas de gente que bromeaba sobre mis gritos. Sin duda pensaban que había llegado al climax del placer.

Con la punta del cuchillo jugó a romper mi ropa y a arañarme con su borde. Me dijo que ahora podía matarme y si lo hacía se quedaría con mi cuerpo para siempre. Pero luego me tranquilizaba. No lo haré, probablemente podrían demostrar que yo te hice las heridas. Pero me cortó en el pecho y me hizo sangrar durante horas. Si el día anterior había disfrutado de un dolor que me hacía sentir vivo, esta vez disfruté de un dolor que me llevaba al borde de la muerte. Con la pérdida de sangre, iba perdiendo fuerzas, me costaba trabajo no desmayarme, hasta que Jack se acercó, me quitó el anillo de mi mano y me dijo que se lo quedaba, también se quedaba con mi cuerpo y mi vida. Se cambió rápidamente de ropa y ya se marchaba cuando se me acercó. Me dio las gracias por un cuerpo tan joven y tan bello. Me agarró del pelo y me dio un último beso de despedida. Noté su saliva en mi boca y como mordía mi lengua hasta que casi la cortaba. Tuve que tragar la sangre para no ahogarme mientras ella escarbaba con su lengua en las heridas de mi boca. Hasta que, por fin, separó sus labios de los míos sonriendo. Me hizo un gesto con la mano y se marchó.

Estaba tan dolorido y cansado que dormí hasta avanzada la mañana del día acordado para devolver los cuerpos en la notaría. Pero ya no tenía el anillo. Corriendo marché a la casa de mi padre, donde residía Jack en mi cuerpo, y empecé a revolver los armarios. Jack en la silla me miraba fijamente, mientras yo vaciaba cajones buscando el anillo. Apenas quedaban 2 horas y debía encontrarlo o perdería para siempre mi cuerpo.

Por fin, Jack me dijo, No vas a encontrarlo, no lo tengo yo, prometí que no te lo quitaría y no te lo he quitado. Lo tienes tú. Volví a mirar en mis bolsillos y carteras, pero no estaba allí.

Mientes, le dije. No miento respondió. ¿Recuerdas el último beso que te di? ¿Recuerdas que te mordí la lengua y tragaste sangre? Yo llevaba el anillo en mi boca, con mi lengua lo moví a la tuya y te lo tragaste con la sangre. Como se acordó en la notaría, no te he quitado el anillo, siempre lo has tenido tú. Pero puedes recuperarlo. Abrió el bolso y extrajo el cuchillo de la noche anterior y me lo puso en la mano. Tienes 2 horas para abrirte el estómago y recuperar el anillo.  Si lo haces perderás tu cuerpo por maltratar el mío y si no lo haces perderás tu cuerpo por no tener el anillo. TU DECIDES.

Se levantó de la silla, se puso el bolso sobre el hombro izquierdo y dando un gran portazo se marchó a la cita con el notario.

Los Simpsons – Fantasía

57 los Simpsons - Los Simpsons - Fantasía

La leyenda contaba que cuando se usa el medallón de Zulo con una prenda de vestir nueva, entonces el medallón cambia mágicamente las medidas corporales para que se pueda usar esa prenda. Pero, ¿qué pasaría si la prenda que se viste es un diseño para una serie de TV?

Yo decidí investigarlo. Compré unos pantalones negros que se habían diseñado para un episodio de los Simpsons del año 2002. Colgué el medallón de mi cuello y me puse los pantalones. La transformación comenzó inmediatamente y en media hora había finalizado. Aquí me lleve la primera sorpresa porque lo que vestía eran unos pantalones femeninos. Me había convertido en mujer y no podría cambiar a mi verdadero cuerpo hasta que pasaran al menos 12 horas que necesitaba el medallón para recargarse, pero yo me sentía bellísima y no notaba ningún diferencia por copiar el cuerpo de un ser imaginario.

Salí de mi apartamento y me llevé la gran sorpresa. Todas las casas, las calles estaban pintadas de colores intensos y la gente era amarilla. Yo me miré las manos y las veía normales, las manos jóvenes de una mujer bella aunque solo tuvieran cuatros dedos. En un parque vi un letrero donde se anunciaba: “SPRINGFIELD” Ya estaba seguro, de una forma mágica estaba viviendo un episodio de los Simpsons.

Y si estás en Springfield, y en un episodio de Los Simpsons, el mejor sitio al que puedes ir es al bar de Moe. Y para allá fui. Allí estaba Moe Szyslak contando pepinillos, Barney Gumble que acababa de lanzar un gran erupto y se estaba quedando dormido y Lenny y Carl que charlaban entre ellos. Me extraño que estos frustrados sexuales no mostraran la más mínima reacción ante la presencia de una hembra impresionantemente bella como debería ser yo en esos momentos. Bueno, eso no era del todo cierto, el único que me dirigió la palabra fue Homer Simpson que tras invitarme a una cerveza se dedicó a insultarme.

No entendía lo que pasaba, desconcertado me fui a los servicios y me miré en el espejo. No era la joven guapa con el pelo oscuro y figura de guitarra que creía ser. Tenía el pelo azul, era gorda y apestaba a tabaco. Me había transformado en Selma Bouvier. Horrorizado busqué el medallón para cambiar de nuevo a mi real cuerpo real lo antes posible.

Pero ya no existía el medallón. Del poderoso medallón de zulu sólo quedaba un dibujo. En el mundo animado, las cosas reales son dibujos. Yo mismo, en esos momentos era un dibujo.

Y sin medallón lo sería para siempre.

Fiesta de Petición de Mano – Pacto

Allí se queda la novia de mi hijo en mi cuerpo, mirando como me marcho en el suyo, en su vestido y con su novio, mi hijo.

Tengo que admitir que mi hijo tiene un gusto estupendo con las mujeres. Esta chica es guapa, elegante y tiene personalidad. Lo único que le falta es la inteligencia. Debe ser muy tonta para creerse que le iba a devolver su cuerpo antes de que empezara la fiesta de petición de mano

En esa fiesta, mi hijo me va a pedir que me case con él y yo le voy a decir que si, luego nos iremos fuera del país y celebraremos la boda en el extranjero, en algún lugar donde Sofía no pueda encontrarnos.

Ahora mismo debe estar sospechando que he vaciado las cuentas bancarias. Que mi anterior cuerpo está en la ruina. Y que desde luego no voy a devolverle este maravilloso cuerpo.

Justo después se pondrá a buscar los “anillos del cambio” y se dará cuenta que me los he llevado sin que se diera cuenta. Luego intentará ir a la fiesta para que le devuelva los anillos y entonces descubrirá que lo he denunciado por maltrato y que tiene una orden de alejamiento.

Mi hijo está tan enamorado de este cuerpo que el mismo me defenderá del loco de su padre y llamará a la policía. Se lo llevarán preso y nunca más volverá a molestarme ni a mí, ni a mi hijo. Voy a tener un matrimonio feliz.

49 Fiesta de Petición de Mano - Fiesta de Petición de Mano - Pacto

Magda, Una Historia de Amor – Bodyswap

Magda Una Historia de Amor 1ªParte - Magda, Una Historia de Amor - Bodyswap

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2 Magda Una Historia de Amor 2ªParte - Magda, Una Historia de Amor - Bodyswap

Hoy se cumple un año desde que Magda enfermó.

Y fue el momento en el que tomé la decisión que cambió para siempre la vida de Magda y la mía. No podía permitir que ella siguiera perdiendo fuerzas y las ganas de vivir. No podía soportar verla cada día más débil y triste. Era el momento de demostrar cuánto la amaba.

Cuando era un niño, yo sentí la llegada de Magda como un regalo maravilloso de Dios. Yo era un niño inseguro y acobardado del que se burlaban casi todos los compañeros del colegio. Cada día era un tormento. Temía salir de casa y temblaba cuando llegaba la hora de ir a la escuela. Hasta que un día que estaba llorando en el suelo, después de sufrir una broma cruel, apareció Magda. Magda era la niña más bonita que nunca había visto, con su carita siempre sonriente y unos ojazos azules llenos de tranquilidad y calma. Me extendió la mano y me dijo que me levantara y se la cogiera. Me contó que la vida es maravillosa, que yo era estupendo y que tan solo necesitaba autoconfianza. Me hizo dar una vuelta por todas las aulas de la escuela mientras teníamos entrelazados los dedos de nuestras manos como si fuéramos dos amantes. Desde aquel día no volvieron a burlarse de mí y cada vez que tenía algún problema aparecía Magda de nuevo agarrando mi mano y tranquilizándome.

Con el paso del tiempo Magda creció hasta convertirse en una mujer espectacularmente bella, inteligente y buena. Si en la escuela era popular en el instituto era una reina y en la universidad una diosa. Yo no fui tan afortunado. No había sido guapo de niño y ya de mayor seguí igual de feo. Los compañeros de clase ya no se reían de mi pero los chicos no hablaban conmigo y las chicas me ignoraban por completo. No me invitaban a ninguna fiesta  y todos me ignoraban. Y fue entonces cuando volvió a aparecer Magda, me apretó de la mano y me dijo: “Vente conmigo” Desde aquel momento todos los días paseaba con Magda por la universidad cogidos de la mano, ella se sentaba en clase a mi lado y compartíamos mesa en la cafetería. A su lado yo me sentía seguro y con la suficiente confianza para estudiar día y noche con la idea de llegar a ser el mejor abogado del mundo y poder cumplir todos sueños de mi amada Magda. Ella me había convertido en el hombre más dichoso y envidiado de la Universidad, y yo era feliz tan solo viendo su preciosa carita sonreír sin preocupaciones.

Conseguí terminar la carrera de derecho con el número uno de mi promoción. Los mejores despachos de abogados del país me enviaron ofertas de trabajo. Pero no quería separarme de Magda y rechacé todas las ofertas que me llegaron. Hasta que un día se presentó a la puerta de mi casa el mejor abogado del país, me ofreció ser parte de su despacho y unas condiciones económicas y laborales a las que no pude negarme. Dos semanas después hice las maletas marché a la capital, a mi nuevo trabajo. Y dos meses después me llamó por teléfono la madre de Magda para informarme que su hija se moría y quería verme antes de su muerte.

Entre lágrimas cogí el primer avión y esa misma tarde estaba en la casa de Magda sosteniendo su mano e intentado darle fuerzas. Todo era inútil, Magda, que había sido tan alegre y vivaz estaba ahora triste y pesarosa. Contraté a los mejores médicos y los llevé a su casa, todos ellos tras visitarla me contaron lo mismo, que no sabían que pasaba, físicamente estaba bien pero sin embargo se iba deteriorando. No creían que viviera mucho, seguro un par de semanas, dudaban mucho que aguantara un mes.

El diagnóstico de los médicos era pésimo. Pero yo no podía dejar que alguien tan maravilloso como Magda muriera sin intentar cualquier cosa posible para recuperarla.

Sólo tenía dos semanas para encontrar una cura y me despedí de Magda, entre lágrimas, prometiéndole que volvería antes de que concluyeran las dos semanas de las que hablaban los médicos. Viajé mucho, primero lo intenté con la medicina tradicional, después con la alternativa, pero no conseguí respuestas y por fin, desesperado, lo intenté con la magia. Y allí encontré una esperanza, pero a un precio enorme que tan sólo yo podía pagar.

Como había prometido, dos semanas después volví a la casa de Magda. Reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban, ella se había vestido de fiesta para mi visita y se había sentado en el sofá, en vez de esperarme en la cama. Era el último favor que podía hacerme antes de su muerte. No quería verme triste con su enfermedad, quería que la recordara como la mujer alegre y jovial que siempre había sido. Me puse de rodillas ante ella y le enseñé lo que había conseguido con tanta búsqueda.

-Esto son “los anillos del cambio”, permiten cambiar el cuerpo de dos personas. Quiero cambiar de cuerpo contigo. Si alguien merece morir soy yo y si alguien merece vivir eres tú. Si cambiamos y eso permite que tus vivas, entonces seré el hombre más feliz de La Tierra, mi vida habrá servido para algo y además conseguiré que el ser más maravilloso que nunca he conocido pueda vivir, aunque sea en mi cuerpo.

Por supuesto que Magda se negó a ese intercambio, pero estaba muy débil, me puse a su espalda y cogiendo su mano, como tantas veces había hecho antes, le puse un anillo en su mano izquierda mientras me ponía el otro en la mía.

Inmediatamente cambiamos de cuerpo, yo estaba sentada en el sofá sin fuerzas, notando como me costaba trabajo hasta respirar. Mientras tanto, Magda, en mi cuerpo se sentaba en el suelo, como había hecho yo de niño, y comenzaba a llorar.

Noté como se acercaba la muerte. Me dolían los músculos, los huesos y cada poro de mi piel parecía sudar sangre. Así estuve varios días, esperando que por fin  terminara todo. Hasta que de repente comencé a mejorar. Pude levantarme de la cama y llegar sola al servicio. Poco después era capaz de andar hasta la cocina y prepararme alimentos sólidos. Dos días después tuve fuerzas para salir al jardín y para darme paseos por el parque cogida de la mano de Magda en mi cuerpo. No se había cumplido un mes desde que los médicos desahuciaron a Magda cuando tuvieron que darme el alta en su cuerpo. No podían explicarse el motivo de la mejora, lo mismo que tampoco se explicaban los motivos de la enfermedad.

Pero yo los conocía perfectamente. Este cuerpo había enfermado cuando me alejé de él, necesitaba mi presencia y mi compañía. Magda sentía un amor extremo por mi alma, necesitaba protegerla, ayudarla, necesitaba estar junto a ella. Ahora con mi alma dentro de su cuerpo y la suya dentro del mío, se había sentido completa, perfecta. Sus deseos de estar conmigo se habían visto realizados de la forma más sublime, con el alma de cada uno poseyendo el cuerpo de la persona amada y los dos juntos y protegiéndose.

Y así llegó el mejor día de mi vida, cuando Magda se puso de rodillas delante de mí, volvió a coger mi mano izquierda, retiró el “anillo del cambio” que aún conservaba y colocó en él dedo otro anillo, pero esta vez de oro con diamantes y me preguntó: “Magda, ¿Quieres casarte conmigo?”

Desde entonces yo soy Magda. Y me casé de blanco con el hombre que durante veintidós años vivió en el que es ahora mi cuerpo, con el hombre que será el padre de mis hijos y con el que me coge todos los días de la mano para decirme lo feliz que es a mi lado.

La Chica del Pelo Azul – Anillos del Cambio

37 la Chica del Pelo Azul - La Chica del Pelo Azul - Anillos del Cambio

Todos los días subía a la azotea donde cambié de cuerpos con Angelika por si acaso ese día volvía

Mi vida no era gran cosa, un trabajo mundano, un físico común y un matrimonio fracasado. Ya tenía cerca de 50 años y vivía con la frustración de nunca haber podido tener hijos. Hacía más de 2 años que Anette, mi esposa, me había pedido el divorcio. Fueron los peores días de mi vida y sentí ganas de morir cuando me entregaron los papeles que ponían fin a mi matrimonio. Seguía amando a Annette, pero ella nunca me había perdonó el que no hubiera podido ser madre por mi culpa y yo acepté la ruptura por puro amor, para que ella pudiera ser más feliz sin mi presencia.

Después de la ruptura tuve mucho tiempo libre y lo dedicaba, como voluntario, a ayudar a los niños que también necesitaban compañía. Trabajaba consolando a niños abandonados en un orfanato. Les buscaba alimento y medicinas y les ayudaba a soportar una vida tan dura.  En ese sitio fue donde conocí a Angelika, una chiquilla preciosa y triste que tenía la manía de pintarse el pelo de azul. Quizás lo hacía por excentricidad o quizás porque necesitaba llamar la atención a su solitaria vida.

De todos los niños del orfanato, a ella dediqué mi cariño especialmente, quizás porque la veía más necesitada o quizás porque ella me hacía sentir lo que un padre debe sentir por su hija. Dedicaba todos mis esfuerzos a intentar alegrar su preciosa carita y que pudiera sonreír y que supiera que había gente que la quería y que estaría dispuesta a hacer cualquier cosa por ella. Poco a poco me fui ganando su confianza y su cariño, le compraba helados, le hacía regalos, y la llevaba a pasear por la ciudad. Un día, en uno de sus paseos, vi a Anette sentada llorosa en un banco del parque. No me atreví a acercarme, pero Angelika se dio cuenta de mi turbación y me pregunto: “¿Quién es esa mujer, y porqué estás tan serio? “Aguantando las lágrimas le dije que no solo ella tiene una vida triste, que yo también estaba triste porque no había podido hacer feliz a Anette dándole una hija. Angelika Se quedó pensativa un rato y me respondió que lo sentía mucho y que los tres, Anette, yo y ella misma merecíamos ser felices y que algún día lo seríamos.

Fue curioso, pero había salido con Angelika para aliviarla y resultaba que ella me aliviaba a mí. Me daba cuenta de lo buena persona que era esa chiquilla y sabía que haría cualquier cosa por ella.

Pasaron los días y los meses. Y una mañana lluviosa de abril volví al orfanato y allí me encontré, de nuevo, con Angelika que esta vez me sorprendió porque era primera vez que la veía sonreír y además aparentaba ser feliz. Me dijo que sabía cómo hacer que nunca más estuviera serio, pero que para conseguirlo deberíamos cambiar de cuerpo. La miré extrañado, incluso pensé que se había vuelto loca. Pero la niña sacó del bolsillo de su pantalón unos anillos oxidados y me respondió que eran los anillos del cambio y que nos iban a permitir cambiar de cuerpo. Conocía demasiado bien a Angelika para saber cuándo bromeaba o decía la verdad, y esta vez era cierto todo lo que contaba. Subimos a la azotea del orfanato para que nadie nos molestara y al mismo tiempo nos pusimos el anillo en uno de los dedos de la mano izquierda. En menos de un segundo habíamos cambiado de cuerpo y yo miraba hacia arriba para ver la cara sonriente de mi antiguo cuerpo. Angelika se inclinó hacia mí y acariciándome el pelo me dijo que la esperara, que pronto volvería.

Habían pasado más de tres meses desde el cambio de cuerpos y aún no había perdido la esperanza, seguía subiendo a la azotea con la ilusión de verla regresar. Pero no sucedió hasta el día de hoy  que fue cuando la  vi aparecer al fondo de la calle caminando rápidamente. Pero no venía sola, cogida de su mano y mirándola cariñosamente estaba Anette. Entraron al orfanato y yo esperé nerviosamente que subiera a la azotea. Pero no lo hizo. En su lugar subió la directora del orfanato que me dijo que bajara a dirección que tenía noticias importantes para mi.

Cuando entré a la oficina de la directora me encontré con Anette y Angelika en mi cuerpo, sentadas en un sofá y aún cogidas de la mano. Angelika con mi voz me dijo que querían adoptarme, que se habían reconciliado y que ahora eran un matrimonio feliz.

Se me iluminó el bello rostro de Angelika y sonreí con su boca mientras respondía que estaba feliz de ser su hija.

Ya nos marchábamos a la casa de Anette, cuando Angelika me agarró suavemente del hombro y me llevó a una habitación apartada. Allá me dijo que había traído los anillos y si quería podíamos cambiar de cuerpo ahora mismo. Me comentó, que como había sido mujer la mayor parte su vida, sabía cómo hacer feliz a otra mujer y que Anette, ahora, también era una mujer feliz. Y que ver a Anette feliz la hacía feliz a ella también. Le respondí que no quería cambiar de cuerpo, que los tres éramos felices de la forma que éramos ahora y que yo también vencía mi frustración, aunque no había podido ser padre, en un futuro sería madre.

Ningún instante dejé de sonreír cuando salimos del orfanato. La vida es maravilosa para mí y para mis padres, a veces se cumplen los sueños