El Paralítico – Magic Taxi

59 Magic Taxi El Paralítico - El Paralítico - Magic Taxi

Ahora tenía que volver a aprender a caminar.

  • A ver, primero una pierna, me apoyo en ella y muevo la otra para adelante.

No es fácil volver a andar cuando llevas más de 40 años paralítico. Hace 40 años que mi hermana estrelló el coche familiar llevándome de copiloto. Sorprendentemente a ella no le pasó nada, pero a mí tuvieron que cortarme las piernas. Era mi hermana y la hubiera perdonado, pero ese día estaba borracha y me subió al coche a la fuerza, yo era un niño y no pude resistirme.

Mi vida había sido un infierno desde entonces. Vivía en un segundo piso sin ascensor y casi no podía salir de casa. Ninguna chica quería conocer a un paralítico y prácticamente no tenía vida social. Únicamente salía de casa para coger un taxi que me llevara a mi trabajo como vendedor de periódicos en un quiosco de la ciudad.

Pero ese día cambió todo. Subí el taxi como siempre, hice el trayecto de siempre, pero Cuando iba a salir del taxi, de repente me encontré en el cuerpo del conductor. No entendía lo que había pasado, pero miré a mi antiguo cuerpo que torpemente sacaba la silla de ruedas del auto y me decía: “Considera esto como el mayor favor de tu vida, yo era el conductor del coche con el que se estrelló tu hermana y cuando te quedaste paralítico sentí que la culpa era mía. Ahora estamos en paz”

Al principio no creí que se tratara de un favor. Ese cuerpo era casi tan repulsivo como el mío, y el trabajo de conductor del taxi mágico es agobiante. Pero encontré el diario del taxi y supe que podría cambiar de cuerpo con un pasajero si recorríamos una larga distancia y en el momento de pagar el viaje le deseaba que tuviera un buen día.

Y yo sabía con quién cambiar.

Durante días esperé delante de la casa de Laura. A veces no servía de nada, porque ella salía a hacer footing por las cercanías o a hacer las compras en las tiendas del barrio. Pero por fin, la vi salir y hacer un gesto para detener un taxi y allí estaba yo. Subió a mi coche y me pidió que la llevara a la facultad de medicina donde ella estudiaba. No era una distancia larga, pero yo decidí aumentarla comentando que había obras y el camino más corto estaba cortado. Cuando llegamos, ella me dio un billete de 50 dólares para pagar el viaje, y yo le dije:

  • “Qué tenga un buen día señorita Laura, yo le daré saludos a su madre, mi hermana… y quédese el cambio”

Y salí del taxi en el cuerpo de Laura, en el bello cuerpo de mi sobrina.

Con la intención de atormentar a mi hermana, ahora mi madre, que era la borracha culpable de que me cortaran las piernas y que se había convertido con el paso del tiempo en la vieja que por culpa de la edad y el alcohol ya no puede  moverse y a la que yo debo ayudar a subirse en una silla de ruedas.