Mario Siempre Cumple Sus Promesas – Chantaje

Hace años que seguía la pista de Mario, un extraño ser con el poder de cambiar de cuerpo con otra persona. Pero aquel día todo iba a cambiar, sabía cuál era su última persona que había poseído y dónde capturarlo. Mario parecía haber encontrado el cuerpo ideal para vivir, hacía más de un año que no cambiaba, debía de amar su último cuerpo porque no quería abandonarlo. Ahora podría detenerlo simplemente amenazando a su actual cuerpo, al cuerpo de Carla. Con mi placa de policía y mi pistola marché a la residencia de Carla. De una patada derribé la puerta y entré a su apartamento. Allí estaba Carla masturbándose delante del espejo. Apunté la pistola a su cabeza y le dije:

– Mario quedas detenido 

Él ni siquiera intentó disimular su auténtica personalidad. Me miró fijamente a los ojos y me dijo: – Eres policía, pero no has venido para encerrarme en la cárcel.

-Soy viejo, me he pasado toda la vida trabajando y merezco una vida mejor. Sé que nunca has incumplido una promesa. Si me prometes cambiar mi cuerpo por el de una persona joven y sana te dejaré ir. Mario sonrió de una forma fría y me dijo. – ¡Te lo prometo!

Sabía que Mario nunca miente, pero, para dejarlo ir le exigí una garantía que le obligara a regresar. Como garantía de que iba a cumplir su promesa, le obligué a cambiar el cuerpo de Carla con el mío. Parecía muy dolido por abandonar ese precioso cuerpo, pero no le quedaba otro remedio si no quería que yo dañara a Carla. Así que aceptó .  Por un momento se me nubló la vista, pero la desorientación no duró mucho, en pocos segundos se me volvió a aclarar la vista y pude ver ante mí a mi antiguo cuerpo.

Mario hizo muchas muecas de desagrado al encontrarse en mi viejo y achacoso cuerpo. Mientras tanto. yo gozaba de maravillosas sensaciones que me transmitía el cuerpo de Carla.

– Me encanta ser Carla, quiero morir en ese cuerpo, así que cuídalo porque esta tarde volveré para recuperarlo. Moviendo afirmativamente la cabeza acepté lo que me decía Mario y este se marchó. Yo me quedé en el cuerpo de Carla y continué masturbándolo en la misma forma que lo hacía Mario cuando yo lo encontré.

Mario regresó esa misma tarde, pero yo no me percaté porque estaba masturbándome de nuevo, así que me sorprendió. Llegó por mi espalda, me agarró de la cabeza y me dijo al oído:  – Vengo en tu nuevo cuerpo, así que vamos a cambiar, no puedo esperar para volver a ser Carla. Sin esperar mi respuesta Mario volvió a cambiar de cuerpo conmigo. Justo en el instante en que Mario volvió a controlar el cuerpo de Carla cogió la cabeza la cabeza de mi nuevo cuerpo y me arrastró ante el espejo.

Mira esta cara tan preciosa, es la tuya. Debes aceptar quien eres ahora. Una mujer bella, inteligente y con un futuro maravilloso. Yo he cumplido mi trato, ahora debes permitir que marche.

Pero… Pero…. Es el cuerpo de una mujer y además… No puedes dejarme en este cuerpo.

– Claro que puedo y lo he hecho porque era lo que habíamos pactado. Consuélate pensando que mucho peor que tú lo está pasando la muchacha que vivía en ese cuerpo y que ahora es un policía viejo, torpe e idiota

– Pero este cuerpo es el de mi hija. Has robado el cuerpo de mi hija, me has puesto en su cuerpo y a ella en el mío.

– Para eso quería tu cuerpo, para saber quién era y dónde encontrar a tu hija. A partir de ahora llámala papaíto, porque ella sabe lo que has hecho y te va a odiar para toda la vida. Prepárate para vivir con un padre maltratador.

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