Comprobando la Verdad – Bodysuit

65 Probar la verdad - Comprobando la Verdad - Bodysuit

Carlos siempre me había amado y me contaba que necesitaba que yo lo quisiera. Yo no quería hacerle daño, pero tenía que contarle que nuestra relación era imposible porque yo era heterosexual y jamás podría compartir la vida con alguien del mismo sexo.

Además, amaba con toda mi alma a Irina. Necesitaba tocarla, sentirla, saber que estaba a mi lado. Carlos era una persona muy sensible y cuando le hablaba de mi amor por Irina se echaba a llorar.  Me miraba con lágrimas en los ojos y me respondía: “No importa el cuerpo, ni lo que seas o lo que los demás crean que eres, yo te amaría siempre, aunque fueras joven o viejo, rico o pobre, hombre o mujer” “Además, Irina no te quiere, te está engañando”

Odiaba estas conversaciones, me dolía mucho ver sufrir a Carlos, pero la única forma de no engañarlo era decirle la verdad y que buscara una solución a su amor. Pero ese día, con ojos llorosos, Carlos me dijo que respetaba mi heterosexualidad y que jamás volvería a pedirme relaciones homosexuales con él, pero que antes quería demostrarme que Irina me engañaba para que yo decidiera que hacer con ella”.

Cabizbajo se marchó y no supe nada de él durante meses. Aunque pregunté a su familia y a sus amigos, nadie podía decirme donde estaba o se había marchado para siempre. Hasta el día de hoy en el que Irina me llamó a mi celular, parecía bastante contenta y excitada, me dijo que tenía algo muy importante que decirme y que me esperaba en el Starbucks del barrio.

Cuando llegué, allí estaba ella, aún vestida con un traje plateado y con aspecto de haber pasado una noche muy larga. De su bolso sacó una pequeña cámara de vídeo y en su pantallita me enseñó una grabación de ella misma haciendo el amor de forma alocada con un hombre de espaldas.

No esperaba esto y sentí que me mareaba, pero el vídeo continuaba con una felación y escenas de sado-masoquismo. Yo no podía creer lo que me estaba enseñando Irina. Ella seguía sonriendo y hacía chistes sobre lo pálida que se me había puesto la cara. No podía soportar la ira, de repente tenía ganas de matar a Irina, que seguía disfrutando de la grabación. Le pedí que por favor parara, que no me enseñara más esa aberración o podría cometer un disparate. Irina me miró fijamente a la cara y me dijo: “espera un poco, aún queda lo mejor” tragué saliva y esperé que terminara la película antes de irme para siempre de la vida de Irina. En aquellos momentos me acordaba de Carlos y cómo lo había rechazado para compartir la vida con una puta como Irina. Nunca debí dejarlo, ojalá estuviera aquí para pedirle perdón y rogarle que volviera a mi lado.

El final de la película era increíble e inesperado. El hombre de espaldas abandonaba por unos momentos la pantalla y luego volvía con una pistola. Apuntaba a la cabeza de Irina, que estaba tumbada descansando, y disparaba. Justo en ese momento escuché las carcajadas de la Irina que estaba a mi lado. La película seguía, el hombre que había disparado a la cabeza de Irina se daba la vuelta, y por primera vez pude ver su rostro. Era Carlos. No podía creerlo, Carlos era un hombre pacífico, todo lo hacía por amor, por su amor a mi persona. ¿habría matado a Irina en despecho porque yo lo había abandonado? ¿Y si Irina estaba muerta quién era esta copia que se reía a mi lado?

En seguida tuve respuestas a mi pregunta. En la pantalla de la cámara se veía como del cuerpo de Irina no brotaba sangre, simplemente se desinflaba como si fuera un globo pinchado, hasta quedarse convertido en algo parecido a un cuero descolorido. Luego, Carlos cogía el montón de piel que quedaba de lo que fuera el cuerpo de Irina y comenzaba a vestirlo. Primero sus piernas, luego la pelvis, ajuste de los genitales, el tronco, los brazos, los pechos y finalmente la cabeza.

Carlos se había vestido con la piel de Irina y, sorprendentemente le ajustaba perfectamente, parecía su doble, más que eso, parecía la mismísima Irina. Luego cogió el vestido plateado y se lo puso, sus zapatos de tacón y los calzó y tomando su bolso apagó la cámara.

Con la boca abierta me quedé mirando a Irina, que ya no era Irina, que era Carlos. No sabía que decir.

Carlos-Irina, llevó las manos a su nuca y tirando hacia arriba se quitó la máscara dejando aparecer la cara de Carlos.

  • Ya te dije que te engañaba, no ha dudado en liarse con tu amigo homosexual para humillarte. Pero tenemos una nueva oportunidad. Siempre me has dicho que no puedes vivir sin tocar, sin sentir el tacto de Irina y yo no puedo vivir sin tu alma, sea cual sea el cuerpo. Te ofrezco que vistas la piel de Irina, así siempre estará a tu lado y serás mi nueva amiga heterosexual y te pediré matrimonio. Y diciendo esto terminó de quitarse la piel de Irina y la puso sobre la mesa para que yo la vistiera.

No lo dudé, cinco meses después me casé con Carlos. Yo iba de blanco y era la novia más guapa que se había visto en la ciudad en muchos años Y Carlos me cogió de la mano en el altar mientras sonreía de la misma forma que sonrió cuando me enseñó la película de Irina en el Starbucks.

El Cazador – Costume Gun

45 Costume Gun El Ladrón de Cuerpos - El Cazador - Costume Gun

Preparé la “costume gun” Sal té la tapia del patio trasero y rompí la ventana del jardín, Cuidadosamente retiré los cristales rotos, descorrí el pestillo, y agarrándome de las cortinas salté al interior del chalet de Teresa.

Teresa era la chica más guapa de la ciudad, quizás lo fuera del país e iba a ser mi último trofeo de caza con la “Costume Gun”

Hacía casi 4 años que un extraño me regaló esa maravillosa arma y la había utilizado para conseguir el cuerpo y la piel de 99 personas. Había hombres y mujeres, ricos y pobres, jóvenes y viejos pero todos ellos tenían la característica común de tener cuerpos super sexys. Eran personas que me apetecía vestir y salir a la calle presumiendo de su belleza. Aunque, lo cierto, es que ninguno de ellos lo había vestido más de una semana.

Pero con Teresa la cosa era diferente. Era mi presa número 100, era la más bella, la más sexy y la que tenía más dinero. Después de vestir su piel iba a quedarme dentro de ella viviendo su vida.

Lentamente crucé el comedor, recorrí el pasillo. Filtrándose debajo de la puerta pude ver luz encendida en el dormitorio de Teresa. Era algo extraño que la bellísima Teresa viviera sola y durmiera también sola, pero también era algo que me ayudaba en mi intención de convertir a Teresa en un traje de piel y huesos que yo pudiera vestir.

De puntillas me acerqué a la puerta y con la mano izquierda la abrí ligeramente, mientras que con la derecha mantenía firme la “Costume Gun” No había hecho ningún ruido, así que decidí sorprenderla, pegué una patada a la puerta y entré corriendo a la habitación con la “costume gun” por delante de mí.

Entonces disparó la “Costume Gun”

Pero no era la mía, rápidamente noté como mi cuerpo se desinflaba, perdía las fuerzas y se desplomaba en el suelo, mientras mis huesos y mis grasas corporales se derretían en una mancha grasienta en el parquet. Entonces escuché a Teresa decir:

-¿Te pensabas que me ibas a sorprender? Tú llevas 4 años usando la “costume gun” 4 años, pero yo llevo más de 20 y casi una década siendo Teresa. Es más, yo fui, con otra piel, el extraño que te regaló esa pistola. Sabía que no podrías evitar la tentación de coleccionar el cuerpo y la piel de decenas de personas. Y que más tarde o más temprano irías a la caza del mejor cuerpo de la ciudad, a por el cuerpo de Teresa y allí estaría yo esperándote. Me has evitado el riesgo y los problemas de la caza. Para tenerlos a todo me bastaba con tener a uno sóla presa y esa presa eres tú.

Así hablo mientras se vestía con mi piel, poco después cogió mi mascara y antes de ponérsela me dijo:

-Ahora soy tu, y todo lo que tú tienes es mío, incluidos el centenar de pieles que con la tuya voy a guardar en mi armario.

Por Amor a Paula – Costume Gun

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Costume Gun 3 - Por Amor a Paula - Costume Gun

Solamente Paula era capaz de abrir la puerta a un desconocido vestida de esa manera. Supongo que sospechaba que era yo quién llamaba a la puerta y simplemente quería volver a torturarme.

Desde que recuerdo, Paula se había dedicado a torturarme, a mostrarse como el objeto de mis deseos y cómo algo que nunca llegaría a posees. Poco importaba que la halagara o le hiciera regalos. Paula sonreía y me ignoraba. Prefería coquetear con cualquiera antes que hacerlo conmigo.

Ella sabía perfectamente que la deseaba con todo mi corazón y aprovechaba la situación para torturarme y disfrutar con mi dolor.

Conforme pasaban los años más la quería y ella más disfrutaba haciéndome sufrir. Por eso me abría la puerta vestida de esa forma, era otra manera de que pudiera ver lo que tanto deseaba y lo que nunca podría tener.

Pero esta vez era diferente, esta vez había conseguido la “Costume Gun” e iba a tenerla de una forma o de otra.

Tengo que confesar que disfruté cuando puse el cañón de la pistola en la frente de Paula y disparé. Con una sonrisa en mis labios vi como el cuerpo de Paula se desinflaba mientras la piel se separaba de su carne y sus huesos.

En pocos segundos pude separar su piel de una carne sequerosa y apestosa que antes era Paula. Tuve un momento de respeto por la que durante tanto tiempo había deseado y no deje sus restos en el suelo, con cuidado los deposité sobre la cama y empecé a desnudarme. Poco después me estaba vistiendo con la piel de Paula. Esa piel era extraña, de una elasticidad sorprendente que al vestirla se pegaba a mi propia piel y notaba como la iba sustituyendo. Tuve momentos de placer cuando situé el coño de Paula sobre mis genitales y cuando las tetas paulinas colgaron de mi pecho. Poco después situaba cubria con su cabeza a la mía y un dolor tremendo cruzó cada una de mis células. Mi cuerpo comenzó a cambiar de tamaño y de forma y yo creía que moría de dolor. Perdí el sentido no sé por cuanto tiempo.

Cuando desperté supe inmediatamente que la “Costume Gun” había funcionado. Una mirada en el espejo me confirmó que yo controlaba el cuerpo, el aspecto y la identidad de Paula. Rápidamente me vestí con la ropa que Paula llevaba puesta cuando me abrió la puerta. Era maravilloso sentir la delicadeza de sus medias y su bra, así como la belleza que daban los tacones de Paula a mis nuevos pies. Probé mi voz y era la de Paula. Así que llamé a la dirección del hotel para denunciar que había un trozo de carne infecta sobre mi cama. Jamás nadie podría sospechar que Paula pudo causar este estropicio y que ese montón de vísceras sanguinolentas era la bellísima Paula sólo unas horas antes.

Esta era mi nueva vida que tanto había buscado, ahora era una mujer casada con una hija de 3 años. Era la mujer trofeo del millonario del pueblo y la mayor zorra de la ciudad.

Pero, sobre todo, ahora era paula, la mujer que siempre me negó su cuerpo, hasta que yo lo tomé a la fuerza para mi disfrute personal.

Una Noche – Costume Gun

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1 noche Costume Gun 1ª Parte - Una Noche - Costume Gun

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1 noche Costume Gun 2ª Parte - Una Noche - Costume Gun

Siempre me habían gustado las pelirrojas. Y esta era perfecta.

Había visto a Claudia por televisión. La admiraba con todo mi corazón, tenía personalidad, belleza, carisma, juventud y mucho, mucho dinero.

Así que cuando conseguí una “Costume Gun” sabía cuál debía ser mi objetivo. No quise probarla con nadie. Si sólo podía hacer un disparo quería que fuera en Claudia. Busqué en Internet en que ciudad estaba. Encontré que participaba en un desfile de moda en París, así que gastando los ahorros que me quedaban compré un billete a París y alquilé una habitación en el Hotel donde se hospedaba. Esperé toda la noche hasta que la escuché en el pasillo abrir la puerta de su habitación.  Nunca la había visto tan bella con ese vestidito rojo, hasta me dio reconcomia por lo que iba a hacerle. Con cuidado de que nadie me viera llamé a su puerta diciendo que era de recepción. Y sorprendentemente ella misma abrió. Fue lo último que hizo. 2 minutos después su piel se había convertido en algo parecido a un traje de goma elástica y sus huesos se habían disuelto en una especie de líquido maloliente que absorbió la moqueta.

Cogí esta piel, la ropa y los zapatos que estaban bajo ella y casi corriendo entré en su habitación y cerré el pestillo. Los deposité sobre la cama mientras yo me desnudaba. A continuación introduje mi pierna derecha dentro de la goma que antes era su pierna derecha. Luego la izquierda y subí la gomita hasta mi cintura. Inmediatamente noté un orgasmo profundo, algo irreal, 100 veces mejor que el mejor de los polvos de mi vida. Finalmente cubrí con su piel mi cuerpo entero y me puse el casco que otrora fuera la cabeza de Claudia. Y justo entonces fue cuándo comenzó un dolor insoportable mientras notaba cómo se movían los huesos y los órganos en mi cuerpo. No puedo decir cuánto duró ese sufrimiento, pero cuándo terminó me miré en el espejo del cuarto de baño, y ya no estaba mi antiguo yo frente al espejo, estaba Claudia. Estaba mi nuevo yo y yo era Claudia. Me sorprendió que seguía maquillada y peinada de la misma forma en la que Claudia se maquilló el día anterior. Me vestí con la ropa que traía cuándo le disparé y me puse sus zapatos rojos de tacón. Justo en ese momento alguien llamó a la puerta: “Claudia, son más de las 10 de la mañana, sal ya que el desfile continúa”